martes, 15 de noviembre de 2011

DÍA DE AGUA, TABERNA O FRAGUA

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Esto es lo que pensaba esta mañana cuando me desperté mientras oía caer las goteras sobre la barandilla del balcón. Pues ni una cosa ni la otra, simplemente encendí el ordenador y me puse a ojear los titulares del periódico por si algo me interesaba leer.

Pero la frase de (taberna o fragua) me recuerda lo que decían en Lober los viejos de hace medio siglo atrás, y es que por aquellos años, después de “espachar las vacas” en un día de agua es lo que se hacía, ir a la fragua para arreglar alguna reja del arado desgastada de abrir los surcos rompiendo la escabrosa tierra. Allí en la fragua se pasaban largas veladas entre la gente que acudía con el mismo fin, el fin de encontrar gente creando tertulias que podían durar varias horas.

Otra manera de pasar un día de lluvia que,( en aquellos años eran muchos, ) era picar un palo que previamente se había cortado y guardado con el fin de sacar alguna serventía como herramienta o apero de labranza: como hacer un arado o reparar el viejo, hacer una rastra , confeccionar un huso o rueca o hacer una cañiza para cerrar la entrada de una finca, así como hacer los mangos para tornaderas guinchas y azadas, estos quehaceres se guardaban para hacer en los días de lluvia o nieve cuando en el campo no se podía hacer otra cosa. Cada casa disponía de las herramientas adecuadas para trabajar la madera: barrenas para taladrar la madera de varias medidas, azuela, cepillo, serrón, escoplo, y martillo, eran las herramientas más necesarias, y si a algún vecino le faltaba una, otro se la podía prestar, que siempre se cuidaba con más cuidado que siendo propia, con estas herramientas se podían construir toda clase de aperos de madera para trabajar la tierra de una manera primitiva.

Unos con más habilidad y otros co no tanta, en todos los pueblos de Aliste, cada uno hacía sus propios aperos de labranza. Los hombres y mujeres alistanos/as debían ser unos verdaderos maestros, un hombre y una mujer en Aliste debían tener habilidad para hacer un poco de todo desde carpintería hasta albañilería pasando por todo lo demás. Las mujeres, quizá debían tener más quehaceres, desde trabajar la tierra con el primitivo arado, hasta plantar y sembrar las hortalizas en las huertas, hacer los quehaceres de la casa, así como hilar el lino y la lana previamente preparado por ellas mismas, y confeccionar la ropa para toda la familia.

Lo de la taberna, también era frecuentada en estos días de lluvia o nieve, siempre con excepciones, pero había gente que le gustaba echar el cuartillo, y ya sabían que en esos días que las inclemencias del tiempo lo permitían en la cocina del tabernero se hacía buena lumbre, a la que algunos acudían tapados con la casaca con un trozo de pan y chorizo, o una sardina de escabeche que mandaban poner para acompañar al cuartillo de vino.

Gúmaro, 15 de noviembre de 2011

1 comentario:

  1. Bonita expresión. La cuestión era no estar parados no?...
    Mi abuelo tenía su "taller" de carpintería a la entrada de la cuadra. De niño me chiflaba ver todas aquellas herramientas (y sobre todo me gustaba enredar con la prensa) y ver cómo reparaba alguna chola.

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